jueves, 11 de octubre de 2012

Quince.

Tres palabras. Tres puñaladas directas a donde más dolía.
Jack sintió el mundo tambalearse a su alrededor, algo romperse dentro de él.
No, qué va. No era posible. Claro, era una broma. Tenía que serlo... ¿verdad?
Tragó saliva lentamente, sin apartar sus ojos de los de Alex, que mantenían la misma expresión de confusión.
- ¿C-cómo... cómo que quién soy, Alex? -susurró, despacio. Con miedo.
- ¿Alex? -cerró los ojos un momento, presionándose las sienes con los dedos- Dios... mi cabeza -volvió a centrar su mirada en Jack- ¿Qué ha pasado?
- Tuviste... un accidente... rodando un videoclip.
Alex frunció el ceño.
- ¿Cómo que un videoclip?
Jack palidecía por momentos. Alex no fingía. Alex no recordaba. Nada.
- ¿De verdad... de verdad que no te acuerdas de nada?
Negó con la cabeza, con expresión seria.
- Por favor... dime que es una broma de mal gusto... -murmuró, entre lágrimas- Alex, por favor.
- Oye, yo... me estás asustando. No sé qué ha pasado, no sé por qué estoy aquí, no sé quién eres... tan solo me duele horrores la cabeza.
Jack cogió su mano derecha, volteándola hasta dejar a el tatuaje de Alex a la vista. El chico frunció el ceño, para después mirarle.
- Yo...
- No puede ser.

Se levantó de golpe, saliendo de la habitación dando un portazo. Los chicos, que estaban fuera sentados, se sobresaltaron con el primer golpe, producido por la puerta.
Y con el segundo, que fue causado por el puño de Jack impactando contra la pared, seguido de un crujido y de un grito.
Zack se levantó de un salto, sujetando a Jack por detrás para que no volviese a repetirlo.
- Jack, Jack. Escúchame, tranquilo.
Le obligó a sentarse en una silla para que se calmase, pero no paraba de sollozar.
Rian puso una mano sobre su hombro, dándole un pequeño apretón.
- Se despertará pronto, tío, ya lo verás.
Jack negó con la cabeza, cerrando con fuerza el puño, con gesto de dolor.
- Ese no es el problema.
- ¿Entonces qué pasa?
- Que ya se ha despertado.
Zack frunció el ceño, sorprendido.
- ¿Se ha despertado? ¿Y por qué n-
- Porque no recuerda nada, Zack -susurró, con la voz ronca.
Se hizo un silencio en la pequeña sala donde estaban los tres.
- No es posible. Joder. Voy a por un médico -se puso en pie, dubitativo, sin procesar la noticia.
- Mejor dos. Se le está hinchando la mano -murmuró Rian, con la vista fija en un punto de la pared.


Cuarenta y cinco minutos después, el escenario era el mismo, pero la escena había cambiado ligeramente.
Jack, con la mano ahora vendada después de que la enfermera le hubiese echado la bronca por su inconsciencia y le hubiera dicho que se llevaba un esguince de regalo, apoyaba la cabeza en el hombro de Rian, mientras esperaban a que el médico saliese de la habitación de Alex y les dijese algo.
Zack suspiraba cada 30 segundos, poniendo histéricos a los otros dos, pero estos no se quejaron.
Hacía ya bastante que Taylor y Jordan se habían marchado a casa ante la insistencia de las enfermeras, a las que cuanta menos gente en el medio, mejor.
No pasó mucho hasta que el doctor salió cerrando la puerta con suavidad. Suspiró.
- Bueno, chicos. Al parecer el golpe ha afectado algo más de lo supuesto en un principio a vuestro amigo. Pero no os preocupéis demasiado, debería recuperar la memoria en los próximos días si todo va bien. Ahora lo que debéis hacer es hablar con él y decirle cosas significativas que le hagan recordar.
Jack se puso de pie, como si le hubiesen hecho saltar.
- ¿Que no nos preocupemos? Pero ¿se está escuchando hablar? ¿Cómo coño se supone que no debo preocuparme cuando ese chico de ahí adentro no recuerda a sus mejores amigos, no se acuerda de que es cantante, no se acuerda de mí? Joder. -Jack fue alzando la voz poco a poco hasta que rompió a llorar.
Zack pasó un brazo por sus hombros tratando de tranquilizarle, mientras le hacía un gesto al médico, haciéndole entender que podía irse y que todo estaba "bien".
- Oye. Tengo hambre.
La voz de Alex les llegó hasta el pasillo, sacándoles una inevitable sonrisa.
Entraron en la habitación, sentándose cada uno en una silla alrededor de la cama. Alex les miró con curiosidad.
- Así que vosotros sois mis mejores amigos.
Los tres asintieron.
- Y yo soy cantante.
Volvieron a asentir.
- Y me llamo Alex.
Otro asentimiento. Estaba vez acompañado de un silencio.
- ¿Siempre sois así de aburridos?
Todos rieron.
- No, de vez en cuando hacemos volteretas desnudos, nos tiramos helado de fresa por el pelo y posamos comiendo plátanos en calzoncillos para alguna revista -soltó Zack.
Alex abrió los ojos como platos, y después soltó una carcajada.
- Vaya.
Jack suspiró. Realmente le mataba por dentro poco a poco la idea de que Alex no recordase todos los  momentos que habían pasado juntos. Él se acordaba de cada detalle, y el otro chico sería incapaz de estremecerse con una simple sonrisa, como él mismo hacía.

Pasaron las siguientes horas de la noche contándole anécdotas y recuerdos a Alex, pero él tan solo reía y asentía con algunos, como si le estuvieran contando la vida de otra persona. 
Ninguno se atrevió a mencionar su estrecha relación con Jack. Ni tampoco el miedo que les producía la posibilidad de que nunca llegase a recordar. 
Tendrían que esperar.


El tono de mensaje de Rian le despertó temprano por la mañana. Se crujió la espalda, que  no andaba muy allá debido a la... inexplicable postura en la que se había quedado dormido sobre el sillón del hospital.
Bostezó, desbloqueando el móvil. Leyó el mensaje.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Zack se despertó, entreabriendo los ojos, molesto por los ruiditos del móvil.
- Apaga esa cosa -susurró, volviendo a cerrar los ojos.
- Zack.
- Mmm.
- Tenemos un problema. Y no pequeño.
- Mmm.
- Mañana es el concierto de clausura de la gira.

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