Alex cerró con firmeza la puerta del despacho del señor Parker, y se dirigió hacia el ascensor con las manos en los bolsillos y el rostro carente de expresión.
Presionó el botón de forma autómata, y clavó la mirada en sus pies, tratando de asumir las últimas palabras que acababa de escuchar de los labios de aquel hombre.
No tenían sentido, no. No podían hacerle elegir entre la banda que le daba la vida y la persona sin la cual ésta no tendría sentido. No podía pagar lo que conllevaba el no hacer una elección.
El ascensor se abrió, y él entró, apoyando la cabeza contra una de las paredes.
¿Qué iba a decirle a Jack? ¿Y a los chicos? Estaba completamente bloqueado, porque le había dado donde más dolía.
Se dirigió hasta su coche, pero no puso rumbo a donde había acordado ir a comer con Jack. No podría soportar esa situación, y menos con los padres del chico delante. Por lo que se marchó a casa.
Dejó las llaves sobre la encimera de la cocina nada más entrar, y se desplomó sobre el sofá, enterrando la cara entre sus manos, mientras las lágrimas y los sollozos se hacían con el control.
Unas tres horas más tarde, Alex oyó el sonido de unas llaves abriendo la cerradura y se secó las lágrimas con rapidez.
- ¿Alex? -Jack entró hasta el salón, preocupado, buscando a su novio.
Alex se aclaró la garganta.
- Estoy aquí, Jack -susurró, bajando la mirada en cuanto sus ojos se cruzaron con otro par de ojos marrones.
- ¿Dónde estabas? Te he llamado mil veces y no me coges el teléfono.
- Ah. Eh, yo... debo de haberlo dejado en silencio -murmuró.
Jack enarcó una ceja, y fue entonces cuando reparó en los enrojecidos y ensangrentados nudillos de Alex.
- Alex, ¿qué ha pasado?
No obtuvo respuesta.
- Alex. Alex, mírame.
- No ha pasado nada, Jack. No fui porque me encontraba mal. Lo siento, debí haberte avisado -contestó el rubio, bajando las mangas de su sudadera hasta que cubriesen sus nudillos, que no habían quedado en muy buenas condiciones tras encontrarse repetidas veces con la pared.
Jack frunció el ceño. No se lo creía, y Alex lo sabía; pero no iba a insistir, porque le conocía lo suficiente como para saber lo cabezón que podía llegar a ser.
- Como quieras. Cuando te apetezca, me lo cuentas -se encogió finalmente de hombros, dirigiéndose hacia el baño.
Alex suspiró al sentir el sonido del agua de la ducha cayendo.
¿Cómo iba a decirle aquello? No se veía con la fuerza necesaria. Pero había tenido que tomar una decisión.
Así que esperó a que Jack saliese del baño y entrase tranquilamente en el salón de nuevo. El moreno se le quedó mirando, con una ceja enarcada, esperando a que dijese algo.
- Jack, t-tenemos que hablar.
- Hablemos, Lex -se sentó a su lado, mientras el otro chico tragaba saliva, bajando de nuevo la mirada.
Se hizo un incómodo silencio entre los dos.
- ¿Alex?
- Esto se ha acabado, Jack -susurró Alex.
- ¿Qué?
- Que se ha acabado.
- ¿De qué estás hablando? -preguntó Jack, sin entender nada.
- De... nosotros. S-se ha acabado -murmuró.
Jack le miró con los ojos muy abiertos, sin dar crédito a lo que oía. Sin querer creerlo.
- ¿Qué estás diciendo, Alex? ¿Quieres decirme qué es lo que ha pasado para que ahora me vengas con esto? -su voz temblaba, con miedo de conocer la respuesta.
Con miedo de que Alex finalmente se hubiera cansado de él. De que hubiese encontrado a alguien mejor.
- Oh, Jack -Alex tragó saliva, tratando de deshacer el nudo que tenía en la garganta y de contener las lágrimas a la vez- No es por ti.
- ¿Ahora también me vas a dejar con la típica frase que usa todo el mundo tratando de que la otra persona no sienta mal, aunque inútilmente, de "no es por ti, es por mí"?
Las lágrimas le ardían en los ojos.
Dejarle. Le estaba dejando.
Alex no contestó. Se le quedó mirando, mientras se mordía un tembloroso labio inferior.
- Alex. Por favor.
- Jack, yo..
- Dime al menos por qué. Dime, ¿qué es lo que he hecho mal? -a Jack se le quebró la voz mientras hablaba, y Alex tuvo que volver a apartar la mirada para que este no viera cómo se le humedecían los ojos.
- Tú no has hecho nada. Soy yo -repitió casi sistemáticamente el rubio.
Jack se levantó del sofá, como si de repente el hecho de estar sentado junto a Alex quemase. Y en parte así era.
Esto no puede estar pasando. No. Todo iba bien esta mañana.
- ¿Qué es lo que te han dicho en esa reunión, Alex?
- No ha sido la reunión -susurró.
No iba a contarle a Jack la verdad, porque sabía que simplemente no lo aceptaría. Conociéndole, estaría dispuesto a vender un riñón para pagar lo que debían, o a prostituirse si era necesario.
Pero no. Alex sólo intentaba hacer las cosas lo mejor que podía para todos.
Y All Time Low había salvado la vida a demasiadas personas, había devuelto demasiadas sonrisas como para acabar con ello. No podía hacer eso. No quería.
- Tengo que irme. Lo siento -se levantó, con intención de marcharse, pero Jack se interpuso en su camino.
- Mírame a los ojos y dime que no me quieres, Alex.
- Jack...
- Hazlo y dejaré que te vayas. Me alejaré de ti. No volveré a hablarte si es eso lo que quieres.
Alex cerró los ojos con fuerza, apretando los puños hasta hacer que las heridas de sus nudillos volviesen a sangrar.
Respiró hondo y alzó la mirada, clavándola en los ojos inundados ya de lágrimas del que era su novio.
Tragó saliva y una lágrima se deslizó por su mejilla.
- No te quiero, Jack -murmuró, con la voz rota.
martes, 20 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Veintiuno.
- Gaskaaaaaaarth, despierta. Llegas tarde. ¿No has oído la alarma? Aleeeleleleleleeex.
Jack se tiró encima suyo en la cama, aplastándole y haciéndole murmurar algo incomprensible sin ni siquiera abrir los ojos.
- Oh, vamos. Puto vago. Tengo que dejar de ponerle droga a tu cena, mira cómo te deja.
No obtuvo respuesta alguna, por lo que pasó a la parte de las cosquillas. Mala idea. Uno de los cojines no tardó en impactar en su cara.
- Ah, para eso sí que estás despierto -Jack le miró mal, levantándose de la cama, frotándose la frente- Pues que sepas que llegas media hora tarde por lo menos.
Alex emitió un pequeño quejido, estirándose mientras le ignoraba por completo. Hasta que Jack se dio por vencido, y con un suspiro, salió de la habitación.
- Jaaaaaaaaack.
- Qué quieres.
- La cena siempre la hago yo -sonrió el rubio, enterrando la cara en la almohada.
Veinte minutos más tarde aparecía Alex por la puerta de la cocina, acabado de duchar y con el pelo perfectamente planchado y con sus correspondientes cuatro toneladas de laca.
- Quiero pensar que esa que te estás comiendo no es la última de las tortitas, Barakat.
Jack le miró y se sacó de la boca el trozo que estaba mordisqueando.
- Bueno, queda un cachito -sonrió inocentemente.
- Guarro.
Alex le miró mal, pero no puedo evitar sonreír él también. Besó la mejilla de su chico de la que pasaba por su lado para servirse un café, y de paso miró el reloj.
- Llego casi una hora tarde -se quedó pensativo un momento- Uhm. Le diré que en lugar de las diez y cuarto entendí las once y cuarto -se encogió de hombros, contento con su propio razonamiento y le dio un trago a su taza.
Jack negó con la cabeza, divertido.
- ¿Vas a llegar tarde a nuestra boda también o qué?
Alex soltó una carcajada, salpicándolo todo con el café que tenía en la boca.
- Por supuesto. La novia siempre se hace de rogar -le guiñó un ojo, y el otro chico hizo una mueca.
- Lárgate ya, anda.
- Sí mi capitán. Trataré de no morir en la guerr... digo, en la reunión.
- Procura que así sea -rió Jack- Y acuérdate de que hoy comemos con mis padres. Así que te espero en su casa.
- Sí mamá. ¿Algo más? -Alex se cruzó de brazo en la puerta, con las llaves en la mano.
- Sí. Que te quiero -sonrió Jack, terminándose el desayuno.
No pudo evitar arrancar una sonrisa de los labios del rubio, que salió de casa mientras respondía con un "yo a ti noooooo" y reía.
- Llegas tarde, Gaskarth. Muy tarde. Como siempre. ¿No te aburre ya?
El señor Parker, director de la discográfica de los chicos y capullo profesional, esperaba a Alex de brazos cruzados en su despacho, señalando el reloj y observándole con cara de pocos amigos.
- Oh. Eh... yo pensaba que... -trató de excusarse, pero el hombre le cortó a mitad de frase.
- Nada. Da igual, siéntate, que tenemos para rato -resopló, mientras buscaba algo entre los papeles de su escritorio.
Alex se sentó en una de las sillas, y se mordió el labio inferior. Se caían exactamente igual de mal los dos, y no era algo que se les diese bien del todo ocultar. Pero esta vez le reconcomía la duda de cuál era el cable que se le había cruzado.
La última vez que habían tenido contacto fue tras acabar el último concierto de la gira, por el cual les felicitó con creces, y renovaron el contrato como tenían acordado.
Pero después, nada.
- Bien, Alexander. ¿Sabes qué es esto? -sacó un papel de entre todos los que tenía por allí revueltos y lo puso en la mesa frente a Alex. Este lo miró con el ceño fruncido.
- ¿Un contrato?
- Exacto. Pero no uno cualquiera. El contrato de All Time Low con Hopeless Records, para ser más exactos. Contrato por tres años más.
- A....ham.
- Déjame acabar. Contrato -señaló el papel con el dedo índice- que no has leído, al parecer.
Alex enarcó una ceja, sin comprender.
- ¿Qué me está queriendo decir?
El señor Parker empezaba a impacientarse.
- Cláusula 21, Gaskarth -le invitó a leer.
Jack se tiró encima suyo en la cama, aplastándole y haciéndole murmurar algo incomprensible sin ni siquiera abrir los ojos.
- Oh, vamos. Puto vago. Tengo que dejar de ponerle droga a tu cena, mira cómo te deja.
No obtuvo respuesta alguna, por lo que pasó a la parte de las cosquillas. Mala idea. Uno de los cojines no tardó en impactar en su cara.
- Ah, para eso sí que estás despierto -Jack le miró mal, levantándose de la cama, frotándose la frente- Pues que sepas que llegas media hora tarde por lo menos.
Alex emitió un pequeño quejido, estirándose mientras le ignoraba por completo. Hasta que Jack se dio por vencido, y con un suspiro, salió de la habitación.
- Jaaaaaaaaack.
- Qué quieres.
- La cena siempre la hago yo -sonrió el rubio, enterrando la cara en la almohada.
Veinte minutos más tarde aparecía Alex por la puerta de la cocina, acabado de duchar y con el pelo perfectamente planchado y con sus correspondientes cuatro toneladas de laca.
- Quiero pensar que esa que te estás comiendo no es la última de las tortitas, Barakat.
Jack le miró y se sacó de la boca el trozo que estaba mordisqueando.
- Bueno, queda un cachito -sonrió inocentemente.
- Guarro.
Alex le miró mal, pero no puedo evitar sonreír él también. Besó la mejilla de su chico de la que pasaba por su lado para servirse un café, y de paso miró el reloj.
- Llego casi una hora tarde -se quedó pensativo un momento- Uhm. Le diré que en lugar de las diez y cuarto entendí las once y cuarto -se encogió de hombros, contento con su propio razonamiento y le dio un trago a su taza.
Jack negó con la cabeza, divertido.
- ¿Vas a llegar tarde a nuestra boda también o qué?
Alex soltó una carcajada, salpicándolo todo con el café que tenía en la boca.
- Por supuesto. La novia siempre se hace de rogar -le guiñó un ojo, y el otro chico hizo una mueca.
- Lárgate ya, anda.
- Sí mi capitán. Trataré de no morir en la guerr... digo, en la reunión.
- Procura que así sea -rió Jack- Y acuérdate de que hoy comemos con mis padres. Así que te espero en su casa.
- Sí mamá. ¿Algo más? -Alex se cruzó de brazo en la puerta, con las llaves en la mano.
- Sí. Que te quiero -sonrió Jack, terminándose el desayuno.
No pudo evitar arrancar una sonrisa de los labios del rubio, que salió de casa mientras respondía con un "yo a ti noooooo" y reía.
- Llegas tarde, Gaskarth. Muy tarde. Como siempre. ¿No te aburre ya?
El señor Parker, director de la discográfica de los chicos y capullo profesional, esperaba a Alex de brazos cruzados en su despacho, señalando el reloj y observándole con cara de pocos amigos.
- Oh. Eh... yo pensaba que... -trató de excusarse, pero el hombre le cortó a mitad de frase.
- Nada. Da igual, siéntate, que tenemos para rato -resopló, mientras buscaba algo entre los papeles de su escritorio.
Alex se sentó en una de las sillas, y se mordió el labio inferior. Se caían exactamente igual de mal los dos, y no era algo que se les diese bien del todo ocultar. Pero esta vez le reconcomía la duda de cuál era el cable que se le había cruzado.
La última vez que habían tenido contacto fue tras acabar el último concierto de la gira, por el cual les felicitó con creces, y renovaron el contrato como tenían acordado.
Pero después, nada.
- Bien, Alexander. ¿Sabes qué es esto? -sacó un papel de entre todos los que tenía por allí revueltos y lo puso en la mesa frente a Alex. Este lo miró con el ceño fruncido.
- ¿Un contrato?
- Exacto. Pero no uno cualquiera. El contrato de All Time Low con Hopeless Records, para ser más exactos. Contrato por tres años más.
- A....ham.
- Déjame acabar. Contrato -señaló el papel con el dedo índice- que no has leído, al parecer.
Alex enarcó una ceja, sin comprender.
- ¿Qué me está queriendo decir?
El señor Parker empezaba a impacientarse.
- Cláusula 21, Gaskarth -le invitó a leer.
"Queda prohibida cualquier tipo de relación afectiva/sentimental/sexual posible entre los componentes de la banda que pueda repercutir de una u otra manera sobre esta misma."
Alex tragó saliva. Era imposible que se hubiera enterado.
- Eh... sigo sin entender de qué habla, señor Park-
- No te hagas el tonto conmigo, Alexander. Los dos sabemos perfectamente de lo que estoy hablando. Lo único que pasa es que tú no debes saber las consecuencias que conlleva incumplir un contrato, y yo, en cambio, sí.
- ¿Cómo...?
- No hagas preguntas, Gaskarth. No me interesa cualquiera de las cosas que hagas en tu privada intimidad con tu guitarrista. Yo voy a ser claro -se aclaró la garganta- No me interesa lo que hagáis, pero sea lo que sea, tiene que acabar.
Alex abrió los ojos como platos. ¿En serio le estaba pidiendo lo que creía que le estaba pidiendo?
- Oiga, usted no tiene ningún derecho a meterse en mi vida privada. Ni le interesa con quién esté o deje de estar.
- Cuando estando con la persona con la que estás, se incumple el contrato que tienes CONMIGO, creo que puedo tomarme la libertad de decir que sí que me importa.
No podía creerse lo que estaba escuchando. Tenía que ser una broma. Claro, como esas cámaras ocultas que ponen en los programas de la MTV.
- Esto es una broma, ¿verdad?
- ¿Me ves a mí con cara de broma?
- Es que no puede ser, joder. No.
- Claro que no puede ser -miró el reloj de nuevo, y después volvió a clavar su mirada en Alex- Mira, Gaskarth, tengo prisa. Ya he perdido demasiado tiempo contigo por hoy. Sólo te diré una cosa. Os quedan tres años de contrato con la discográfica, y en caso de incumplimiento de contrato os enfrentaríais a una denuncia de unas cantidades económicas que no creo que os vieseis en condiciones de poder pagar. Así que tú eliges: o tu grupo, o tu chico.
Mi grupo o mi chico.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Veinte.
Habían pasado ya unas cuantas semanas desde el último concierto de los chicos en Los Ángeles, y habían vuelto a esa rutina que tanto adoraban cuando volvían a casa después de una larga gira.
Era como si dejasen sus vidas en stand by por un tiempo, y pudiesen dedicarse a hacer absolutamente nada. Productivo, al menos,
No pasaban tanto tiempo juntos como cuando estaban de tour, pero vivían cerca y apenas salían unos de casa de otros. En el caso de Alex y Jack era literal. Habían decidido irse a vivir juntos a los pocos días de llegar a Baltimore.
Según el razonamiento de Alex, "¿Para qué vamos a pagar dos pisos cuando nos pasamos el día juntos y sólo usamos uno?" . Jack había reído y accedido, pero a condición de que se quedasen en su casa, porque "su cama era más grande y más cómoda y en la cocina de Alex nunca encontraba los cereales".
- Malcriado de mierda -había protestado Alex, mientras contenía la risa.
- Pero tus pósters de Blink te los traes que para eso sí que tengo espacio.
- Hombre, es que si tuviese que dejarlos allí, me quedaba con ellos -Alex se cruzó de brazos.
- Me quieres demasiado como para hacer eso.
- Nunca pongas a prueba al amor cuando haya blink-182 de por medio -sonrió traviesamente el rubio.
- Golpe bajo, Gaskarth -Jack le miró con los ojos entrecerrados, mientras el otro se encogía de hombros .
- No tientes a la suerte -sonrió, revolviéndole el pelo y besándole con suavidad en los labios, ante lo que Jack suspiró.
- Golpe bajo otra vez.
De eso habían pasado ya casi dos meses, y los chicos se encontraban ahora tirados en el sofá, como casi cada tarde de domingo, donde lo único que hacían era tragarse todas las películas que les ponían en la tele mientras engullían toneladas de palomitas de caramelo.
- Jack, vas a engordar -murmuró Alex, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas y la vista fija en la pantalla.
- Yo no engordo. Sexy hasta el final.
Alex soltó una carcajada y se giró para mirarle.
- Ten cuidado no vayas a ahogarte en tu ego.
- Si no te has ahogado tú en el tuyo todavía... -Jack sonrió, apartándole un mechón de pelo de la cara.
- Estúpido - rió, incorporándose para besarle, cuando sonó el timbre.
- Como sea Zack, te juro que le pongo una orden de alejamiento por cortarrollos -soltó Alex.
Jack se levantó para abrir.
- ¿Si le ponemos dos tendrá que alejarse el doble o cómo va eso? -rió, mientras abría- Oye Zack, ya te tengo dicho qu- ... ah, hola chicos.
Rian frunció el ceño, para después soltar una carcajada.
- Déjame adivinar, interrumpimos.
- Ah, no, no, qué va. A vosotros todavía no os tenemos en el Death Note -se apartó para dejar entrar en casa a Rian y a una sonriente Cassadee, que se frotaba las manos a causa del frío.
- ¿Quién eeeeees? -gritó Alex desde el sofá, donde estaba sentado cabeza abajo.
- La pareja del añoooo -respondió Jack, entrando en el salón, seguido de los dos chicos.
- Pensábamos que ese puesto ya estaba cogido por vosotros -sonrió Cass, revolviéndole el pelo a Alex.
- También es verdad. Mala suerte -rió- ¿Palomitas?
- Por dios, Alexander, ¿quieres dejar ya las jodidas palomitas? Me las ofreces hasta cuando hablamos por teléfono -Rian puso los ojos en blanco.
- Es que es la novedad de la marca y están tan asdgaksfgasdg que asdfkfajfdsd -se metió otro puñado en la boca, haciendo reír a los otros tres.
Jack suspiró, mirando a Rian y a Cass.
- ¿Queréis algo que no sean palomitas?
- No, deja. Si sólo veníamos de paso. Más bien a deciros que han llamado de la discográfica y que mañana quieren hablar con nosotros. Pero Zack se ha ido esta mañana a Nueva Jersey a casa de unos amigos y no vuelve hasta el jueves, y Cass y yo tenemos comida familiar mañana.
- Vamos, que eso es un clarísimo "id vosotros que no tenéis nada que hacer". Como consecuente, "aguantadles vosotros que no tenéis nada que hacer". Y por si no fuera poco, "procurad que no pidan dinero porque lo pagáis vosotros" -concluyó Jack, con los brazos en jarras, dramatizando como de costumbre.
- Exacto -Rian le guiñó un ojo y le dio una palmada en el hombro- Si os tengo bien entrenados -sonrió, orgulloso.
- Qué poco te quiero, Dawson -se quejó Alex desde el sofá- ¡Fuera de mi caaaaasa!
- En realidad es MI casa -apuntó Jack.
- Tú calla.
- Uy, nosotros nos vamos antes de que empecéis con otra discusión en plan matrimonial -rió Rian, cogiendo de la mano a Cassadee, dirigiéndose hacia la puerta con ella.
- Portaos bien chicoooos -añadió la chica antes de que salieran los dos.
Alex y Jack se quedaron mirando el uno al otro.
- Ya están pringando los dos imbéciles de turno -suspiró Alex.
Jack se sentó a su lado, poniéndole ojitos.
- Oye, Lex... ¿si te digo que le había dicho a mi madre que mañana íbamos a comer...?
- Sí.
- ¿Sí qué?
- Que sí, te mato. Oh, venga, ¿en serio tengo que ir yo solo a hablar con esos hijos de puta? Vaaaaamos, Jack, me tienen manía -Alex hizo pucheros.
- Ay, no exageres. Diles que tienes prisa o algo en acabar la reunión. Yo te espero en casa de mis padres, ¿sí? -sonrió Jack, pellizcándole un moflete.
Alex resopló.
- Esta te la guardo -le miró mal, antes de volver a recuperar la postura que tenía antes de que llegara Rian.
Jack frunció el ceño y le miró.
- ¿Palomitas? -sonrió Lex.
Era como si dejasen sus vidas en stand by por un tiempo, y pudiesen dedicarse a hacer absolutamente nada. Productivo, al menos,
No pasaban tanto tiempo juntos como cuando estaban de tour, pero vivían cerca y apenas salían unos de casa de otros. En el caso de Alex y Jack era literal. Habían decidido irse a vivir juntos a los pocos días de llegar a Baltimore.
Según el razonamiento de Alex, "¿Para qué vamos a pagar dos pisos cuando nos pasamos el día juntos y sólo usamos uno?" . Jack había reído y accedido, pero a condición de que se quedasen en su casa, porque "su cama era más grande y más cómoda y en la cocina de Alex nunca encontraba los cereales".
- Malcriado de mierda -había protestado Alex, mientras contenía la risa.
- Pero tus pósters de Blink te los traes que para eso sí que tengo espacio.
- Hombre, es que si tuviese que dejarlos allí, me quedaba con ellos -Alex se cruzó de brazos.
- Me quieres demasiado como para hacer eso.
- Nunca pongas a prueba al amor cuando haya blink-182 de por medio -sonrió traviesamente el rubio.
- Golpe bajo, Gaskarth -Jack le miró con los ojos entrecerrados, mientras el otro se encogía de hombros .
- No tientes a la suerte -sonrió, revolviéndole el pelo y besándole con suavidad en los labios, ante lo que Jack suspiró.
- Golpe bajo otra vez.
De eso habían pasado ya casi dos meses, y los chicos se encontraban ahora tirados en el sofá, como casi cada tarde de domingo, donde lo único que hacían era tragarse todas las películas que les ponían en la tele mientras engullían toneladas de palomitas de caramelo.
- Jack, vas a engordar -murmuró Alex, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas y la vista fija en la pantalla.
- Yo no engordo. Sexy hasta el final.
Alex soltó una carcajada y se giró para mirarle.
- Ten cuidado no vayas a ahogarte en tu ego.
- Si no te has ahogado tú en el tuyo todavía... -Jack sonrió, apartándole un mechón de pelo de la cara.
- Estúpido - rió, incorporándose para besarle, cuando sonó el timbre.
- Como sea Zack, te juro que le pongo una orden de alejamiento por cortarrollos -soltó Alex.
Jack se levantó para abrir.
- ¿Si le ponemos dos tendrá que alejarse el doble o cómo va eso? -rió, mientras abría- Oye Zack, ya te tengo dicho qu- ... ah, hola chicos.
Rian frunció el ceño, para después soltar una carcajada.
- Déjame adivinar, interrumpimos.
- Ah, no, no, qué va. A vosotros todavía no os tenemos en el Death Note -se apartó para dejar entrar en casa a Rian y a una sonriente Cassadee, que se frotaba las manos a causa del frío.
- ¿Quién eeeeees? -gritó Alex desde el sofá, donde estaba sentado cabeza abajo.
- La pareja del añoooo -respondió Jack, entrando en el salón, seguido de los dos chicos.
- Pensábamos que ese puesto ya estaba cogido por vosotros -sonrió Cass, revolviéndole el pelo a Alex.
- También es verdad. Mala suerte -rió- ¿Palomitas?
- Por dios, Alexander, ¿quieres dejar ya las jodidas palomitas? Me las ofreces hasta cuando hablamos por teléfono -Rian puso los ojos en blanco.
- Es que es la novedad de la marca y están tan asdgaksfgasdg que asdfkfajfdsd -se metió otro puñado en la boca, haciendo reír a los otros tres.
Jack suspiró, mirando a Rian y a Cass.
- ¿Queréis algo que no sean palomitas?
- No, deja. Si sólo veníamos de paso. Más bien a deciros que han llamado de la discográfica y que mañana quieren hablar con nosotros. Pero Zack se ha ido esta mañana a Nueva Jersey a casa de unos amigos y no vuelve hasta el jueves, y Cass y yo tenemos comida familiar mañana.
- Vamos, que eso es un clarísimo "id vosotros que no tenéis nada que hacer". Como consecuente, "aguantadles vosotros que no tenéis nada que hacer". Y por si no fuera poco, "procurad que no pidan dinero porque lo pagáis vosotros" -concluyó Jack, con los brazos en jarras, dramatizando como de costumbre.
- Exacto -Rian le guiñó un ojo y le dio una palmada en el hombro- Si os tengo bien entrenados -sonrió, orgulloso.
- Qué poco te quiero, Dawson -se quejó Alex desde el sofá- ¡Fuera de mi caaaaasa!
- En realidad es MI casa -apuntó Jack.
- Tú calla.
- Uy, nosotros nos vamos antes de que empecéis con otra discusión en plan matrimonial -rió Rian, cogiendo de la mano a Cassadee, dirigiéndose hacia la puerta con ella.
- Portaos bien chicoooos -añadió la chica antes de que salieran los dos.
Alex y Jack se quedaron mirando el uno al otro.
- Ya están pringando los dos imbéciles de turno -suspiró Alex.
Jack se sentó a su lado, poniéndole ojitos.
- Oye, Lex... ¿si te digo que le había dicho a mi madre que mañana íbamos a comer...?
- Sí.
- ¿Sí qué?
- Que sí, te mato. Oh, venga, ¿en serio tengo que ir yo solo a hablar con esos hijos de puta? Vaaaaamos, Jack, me tienen manía -Alex hizo pucheros.
- Ay, no exageres. Diles que tienes prisa o algo en acabar la reunión. Yo te espero en casa de mis padres, ¿sí? -sonrió Jack, pellizcándole un moflete.
Alex resopló.
- Esta te la guardo -le miró mal, antes de volver a recuperar la postura que tenía antes de que llegara Rian.
Jack frunció el ceño y le miró.
- ¿Palomitas? -sonrió Lex.
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