Jack se tiró encima suyo en la cama, aplastándole y haciéndole murmurar algo incomprensible sin ni siquiera abrir los ojos.
- Oh, vamos. Puto vago. Tengo que dejar de ponerle droga a tu cena, mira cómo te deja.
No obtuvo respuesta alguna, por lo que pasó a la parte de las cosquillas. Mala idea. Uno de los cojines no tardó en impactar en su cara.
- Ah, para eso sí que estás despierto -Jack le miró mal, levantándose de la cama, frotándose la frente- Pues que sepas que llegas media hora tarde por lo menos.
Alex emitió un pequeño quejido, estirándose mientras le ignoraba por completo. Hasta que Jack se dio por vencido, y con un suspiro, salió de la habitación.
- Jaaaaaaaaack.
- Qué quieres.
- La cena siempre la hago yo -sonrió el rubio, enterrando la cara en la almohada.
Veinte minutos más tarde aparecía Alex por la puerta de la cocina, acabado de duchar y con el pelo perfectamente planchado y con sus correspondientes cuatro toneladas de laca.
- Quiero pensar que esa que te estás comiendo no es la última de las tortitas, Barakat.
Jack le miró y se sacó de la boca el trozo que estaba mordisqueando.
- Bueno, queda un cachito -sonrió inocentemente.
- Guarro.
Alex le miró mal, pero no puedo evitar sonreír él también. Besó la mejilla de su chico de la que pasaba por su lado para servirse un café, y de paso miró el reloj.
- Llego casi una hora tarde -se quedó pensativo un momento- Uhm. Le diré que en lugar de las diez y cuarto entendí las once y cuarto -se encogió de hombros, contento con su propio razonamiento y le dio un trago a su taza.
Jack negó con la cabeza, divertido.
- ¿Vas a llegar tarde a nuestra boda también o qué?
Alex soltó una carcajada, salpicándolo todo con el café que tenía en la boca.
- Por supuesto. La novia siempre se hace de rogar -le guiñó un ojo, y el otro chico hizo una mueca.
- Lárgate ya, anda.
- Sí mi capitán. Trataré de no morir en la guerr... digo, en la reunión.
- Procura que así sea -rió Jack- Y acuérdate de que hoy comemos con mis padres. Así que te espero en su casa.
- Sí mamá. ¿Algo más? -Alex se cruzó de brazo en la puerta, con las llaves en la mano.
- Sí. Que te quiero -sonrió Jack, terminándose el desayuno.
No pudo evitar arrancar una sonrisa de los labios del rubio, que salió de casa mientras respondía con un "yo a ti noooooo" y reía.
- Llegas tarde, Gaskarth. Muy tarde. Como siempre. ¿No te aburre ya?
El señor Parker, director de la discográfica de los chicos y capullo profesional, esperaba a Alex de brazos cruzados en su despacho, señalando el reloj y observándole con cara de pocos amigos.
- Oh. Eh... yo pensaba que... -trató de excusarse, pero el hombre le cortó a mitad de frase.
- Nada. Da igual, siéntate, que tenemos para rato -resopló, mientras buscaba algo entre los papeles de su escritorio.
Alex se sentó en una de las sillas, y se mordió el labio inferior. Se caían exactamente igual de mal los dos, y no era algo que se les diese bien del todo ocultar. Pero esta vez le reconcomía la duda de cuál era el cable que se le había cruzado.
La última vez que habían tenido contacto fue tras acabar el último concierto de la gira, por el cual les felicitó con creces, y renovaron el contrato como tenían acordado.
Pero después, nada.
- Bien, Alexander. ¿Sabes qué es esto? -sacó un papel de entre todos los que tenía por allí revueltos y lo puso en la mesa frente a Alex. Este lo miró con el ceño fruncido.
- ¿Un contrato?
- Exacto. Pero no uno cualquiera. El contrato de All Time Low con Hopeless Records, para ser más exactos. Contrato por tres años más.
- A....ham.
- Déjame acabar. Contrato -señaló el papel con el dedo índice- que no has leído, al parecer.
Alex enarcó una ceja, sin comprender.
- ¿Qué me está queriendo decir?
El señor Parker empezaba a impacientarse.
- Cláusula 21, Gaskarth -le invitó a leer.
"Queda prohibida cualquier tipo de relación afectiva/sentimental/sexual posible entre los componentes de la banda que pueda repercutir de una u otra manera sobre esta misma."
Alex tragó saliva. Era imposible que se hubiera enterado.
- Eh... sigo sin entender de qué habla, señor Park-
- No te hagas el tonto conmigo, Alexander. Los dos sabemos perfectamente de lo que estoy hablando. Lo único que pasa es que tú no debes saber las consecuencias que conlleva incumplir un contrato, y yo, en cambio, sí.
- ¿Cómo...?
- No hagas preguntas, Gaskarth. No me interesa cualquiera de las cosas que hagas en tu privada intimidad con tu guitarrista. Yo voy a ser claro -se aclaró la garganta- No me interesa lo que hagáis, pero sea lo que sea, tiene que acabar.
Alex abrió los ojos como platos. ¿En serio le estaba pidiendo lo que creía que le estaba pidiendo?
- Oiga, usted no tiene ningún derecho a meterse en mi vida privada. Ni le interesa con quién esté o deje de estar.
- Cuando estando con la persona con la que estás, se incumple el contrato que tienes CONMIGO, creo que puedo tomarme la libertad de decir que sí que me importa.
No podía creerse lo que estaba escuchando. Tenía que ser una broma. Claro, como esas cámaras ocultas que ponen en los programas de la MTV.
- Esto es una broma, ¿verdad?
- ¿Me ves a mí con cara de broma?
- Es que no puede ser, joder. No.
- Claro que no puede ser -miró el reloj de nuevo, y después volvió a clavar su mirada en Alex- Mira, Gaskarth, tengo prisa. Ya he perdido demasiado tiempo contigo por hoy. Sólo te diré una cosa. Os quedan tres años de contrato con la discográfica, y en caso de incumplimiento de contrato os enfrentaríais a una denuncia de unas cantidades económicas que no creo que os vieseis en condiciones de poder pagar. Así que tú eliges: o tu grupo, o tu chico.
Mi grupo o mi chico.
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