Ese beso provocó tres reacciones diferentes. De sorpresa en Josh, de incredulidad en Jack y de algo parecido al remordimiento en Alex.
El inglés no tardó mucho en reaccionar y separarse de Alex, empujándole hasta hacerle chocar con la máquina de refrescos.
- ¿Se puede saber qué coño está pasando aquí? -Josh frunció el ceño, poniendo cara de no entender nada.
Se hizo un silencio incómodo entre los tres allí presentes. Jack apretó la mandíbula, girándose para mirar a Alex en busca de una explicación.
Pero al rubio no le dio tiempo a pronunciar palabra, pues otra cabeza rubia salió del baño que había estado compartiendo instantes antes con Jack y les interrumpió, fijando la mirada en el chico de ojos azules, entre sorprendida y asustada.
- ¿J-Josh? -murmuró, arreglándose un poco su despeinada melena.
- ¿Os conocéis? -preguntó Alex, enarcando una ceja, al parecer bastante conforme con el giro que estaba tomando la conversación.
Se hizo un nuevo silencio, pero esta vez fue roto por Josh, que no parecía tener un excesivo buen humor.
- Nos conocemos, sí. Os presento a mi novia. Aunque creo que algunos ya la conocen mejor que otros.
Jack puso cara de circunstancias y miró a la chica.
- Con que soltera y sin compromiso, ¿eh? -esbozó una sonrisa irónica.
Las tres miradas se centraron ahora en la rubia, que se mordía el labio inferior, visiblemente incómoda.
- P-puedo explicarlo. Yo no... yo no quería... Pero él...
- Ah, claro, tú no querías pero fui yo el que casi te llevó a rastras hasta el baño y se ofreció a hacer todo tipo de guarradas, ¿verdad? -inquirió Jack.
- Cierra la boca, Barakat -le previno Josh, conteniéndose.
- Eso mejor se lo dices a la puta de tu novia -sonrió casi con malicia el otro chico.
El simple comentario hizo que Josh explotara, y empujó a Jack hasta hacer chocar su espalda contra la pared, sujetándole por el cuello de su camiseta.
- Repite eso.
- Que tu novia es puta -casi rió Jack en la cara del inglés, que no parecía escuchar las voces de la chica suplicándole que parara, y le encajó un puñetazo en la mandíbula a Jack.
Este llevó una mano al labio que le acababa de empezar a sangrar, pero a Josh apenas le dio tiempo de abrir la boca, pues fueron otras las manos que tiraron de su chaqueta para ponerle en la misma postura acorralada en la que había dejado él a Jack.
En cuanto se giró pudo contemplar los ojos, ahora amenazadores, de Alex.
- Vuelve a ponerle la mano encima y vas a estar un buen tiempo sin poder usarla -musitó, colocando el dedo índice en el pecho del de ojos azules.
- Ah, ¿sí? ¿Primero me besas y a los cinco minutos me vienes con amenazas por zurrar al tío al que querías poner celoso? Bravo, Alex.
Alex apretó los dientes, con rabia, preparándose una contestación para aquello, pero esta vez fue Jack el que le apartó de Josh de un empujón.
- ¿Se puede saber ahora qué pretendes? ¿Que vas a ir por la vida, jodiéndome y luego tratando de 'defenderme' como si de verdad te importara? Eres un hipócrita, Alexander.
Las palabras impactaron en el rubio, que tuvo que coger aire para digerirlas.
- ¿Me vas a echar en cara el haber impedido que te molieran a puñetazos por no saber mantener la boca cerrada?
Jack negó con la cabeza, dejando escapar una sonrisa amarga.
- Claro que no. Pero no me voy a poner a echarte en cara ahora todas las cosas que podría echarte. ¿Verdad que no, Alex? ¿Sabes por qué? Porque son demasiadas.
Alex bajó la mirada, incapaz de sostenerla un segundo más.
- Tú no sabes nada, Jack -susurró.
El moreno casi suelta una carcajada al escuchar aquello.
- El que parece no saber nada eres tú. Ni saber, ni recordar. Ni importarte tampoco. Claro que nunca importó nada, ¿no? -los ojos del moreno se iban humedeciendo a medida que pronunciaba esas palabras.
Cogió la muñeca de Alex entre sus manos, haciendo girar su brazo de forma que el tatuaje con su nombre quedase a la vista de los dos, y le miró a los ojos, entre interrogante y suplicante.
- Jack... para, por favor -murmuró Gaskarth, cerrando los ojos para no tener que sostenerle la mirada al que habías sido su novio.
- Tan sólo quiero que me des un 'por qué' -insistió.
Alex abrió los ojos para mirarle de nuevo y perderse en su mirada como tantas veces había hecho en el pasado.
Esbozó una media sonrisa triste a medida que los recuerdos acudían a su mente. Negó levemente con la cabeza, y se puso levemente de puntillas para hacer que sus labios se encontrasen con los de Jack por primera vez en lo que le habían parecido siglos. Enredó sus dedos en el pelo del moreno cuando sintió sus manos rodeándole la cintura y su beso fue correspondido con dulzura.
Pero no tardó mucho en separar los labios ligeramente de los suyos.
- Porque no puede ser, Jack -musitó, casi inaudiblemente, contra la boca de Jack, deslizando sus dedos con suavidad desde su pelo hasta su mejilla, mientras las lágrimas mojaban las suyas, para mirarle a los ojos y apartarse definitivamente de él.
- Alex... -le llamó. Una, dos, tres veces.
Pero Alex no se volvió para mirarle. Se alejó de allí andando con las manos en los bolsillos y la mirada baja, dejándole completamente solo. Otra vez.
Josh se había marchado ya con aquella chiquilla, y en aquel pasillo tan solo quedaba algún que otro asistente de limpieza que pasaba con prisa por delante de él.
Se dejó caer en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared.
Nunca se había sentido tan perdido.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
Veinticuatro.
La tiendo entera se giró para mirar hacia el mismo sitio hacia el que se encontraba mirando Alex, haciendo al chico murmurar un taco por lo bajo, y agacharse para empezar a recoger CD's del suelo.
Alex se mordió el labio para reprimir una carcajada, y se acercó a él.
- Esto... ¿estás bien? -le preguntó, aún tratando de no reírse.
El otro alzó unos preciosos ojos azules para clavarlos en los de Alex, esbozando una pequeña sonrisa avergonzada.
- Puedes reírte si quieres.
- ¿Josh? -el rubio soltó la carcajada que tanto tiempo llevaba conteniendo.
- Franceschi, sí -rió el moreno, dejando una pila de discos sobre una estantería, girándose para mirar al otro mientras se revolvía el pelo.
- Quién si no -sonrió Gaskarth, estrechándole la mano a Josh- ¿Y qué es lo que hace un chico como tú en un sitio como este?
- Pues salir de la perpetua nube de lluviosa que tengo por país -puso los ojos en blanco, con un suspiro.
- Y te vienes a Baltimore -Alex enarcó las cejas, con una media sonrisa.
- Mi novia tiene familia aquí -se encogió de hombros el inglés- Y en un par de semanas damos un concierto en Nueva York, así que...
- Vaya. El soltero de oro ya no es tan soltero ni tan de oro -se burló el rubio, mirando el reloj de un vistazo rápido, recordando que había quedado con Zack a las cinco.
- De oro siempre -Josh le miró con los ojos entrecerrados, dejando escapar una carcajada- ¿Esperas a alguien?
- Uhm. No, he quedado con Zack en cinco minutos para ir al cine. ¿Quieres venirte?
Josh miró su propio reloj, y se dio la vuelta para echar un vistazo a su alrededor, al parecer buscando a alguien.
- Eh... había quedado con mi chica aquí. Pero no sé dónde se habrá metido.
- Ay, pobrecito, le han dado plantón -rió Alex, divertido- Yo tengo que irme, si cambias de idea, el cine está al final del tercer pasillo de la cuarta planta a la derecha. ¡Nos vemos, Josh! -le guiñó un ojo, sin darle tiempo a despedirse, echando a andar en dirección contraria a por donde había venido, mientras su mente ya podía recrear la bronca de Zack por haber desaparecido y, además, haber llegado tres minutos tarde.
Llegó a la entrada del cine prácticamente con la lengua fuera, para chocarse con Zack, que no le había visto llegar.
- ¿Dónde te habías metido, rubia? Pensé que mi cita me había fallado -sonrió el moreno, sin enfado alguno, lo que le chocó bastante a Alex.
- Eh... comprobando que nuestro disco se vende -rió el rubio, que dio un rodeo con la mirada al lugar, para ver si Josh había cambiado de opinión, pero lo que se encontró fue con Zack tapándole la vista repentinamente.
- ¿Se puede saber qué buscas? Anda, tira -le llevó a empujones hasta las taquillas..
- Zack, ¿me quieres dejar? -bufó Alex, sin entender el comportamiento de su amigo, que le soltó con tal de que no hiciese más preguntas.
Suspiró, revolviéndose el pelo mientras el otro chico pagaba las entradas de vete a saber qué película.
No tardaron mucho en entrar en la sala que les había indicado el acomodador, y en sentarse en los sitios que les habían asignado.
El rubio plantó los pies con toda la comodidad del mundo sobre el asiento de delante, echando mano de su coca-cola. Le dio un sorbo. Dos. Tres. Hasta que cuando quiso darse cuenta ya se había bebido más de la mitad.
- Mierda. Ay, Zack, me hago pis -susurró, haciendo reír a su compañero de banda, que jugueteaba entretenido con su móvil, esperando a que empezase la película.
- ¿Quieres que te acompañe al baño y te la sujete o puedes tú solito?
Alex refunfuñó entre risas, y se levantó, poniendo cuidado en no caerse por las escaleras, como no era la primera vez que le pasaba.
Finalmente, tras un rato buscando, dio con el baño, al final de uno de los pasillos.
- Joder, sí que hace tiempo que no vengo al cine, me cambian hasta el baño de sitio -murmuró para sí, con una media sonrisa, abriendo la puerta.
Pero la sonrisa se le borró de golpe de la cara cuando se encontró lo que se encontró detrás de esa puerta.
Jack.
Era Jack. Y no estaba sólo. No, qué va. Estaba bastante ocupado comiéndole la boca a una rubia que ya estaba a medio desvestir.
Las lágrimas acudieron a los ojos de Alex prácticamente al instante. Ardían tanto como el dolor que le producía contemplar aquella escena. De sus labios escapó un sollozo ahogado, mientras sentía algo parecido a un pinchazo en el pecho, y retrocedía sobre sus propios pasos, no sin que antes el chico moreno se diera la vuelta sobresaltado y le contemplase con una expresión indescifrable.
- A-alex -articuló con los labios.
Pero Alex salió del baño dando un portazo, apoyando la espalda en la pared del pasillo que estaba justo en frente. Sentía las lágrimas mojar sus mejillas, mientras el dolor poco a poco se transformaba en rabia.
- Alex, ¿estás bien? -escuchó la voz del inglés de ojos azules que se había encontrado instantes antes, a su lado, sin ni siquiera haberle visto llegar.
Clavó sus ojos en los del otro chico, mirándole pero sin verle.
- Tienes que hacerme un favor -susurró, cogiéndole de pronto del brazo y tirando de él hasta pegarle a la pared, a su lado.
Josh le miró, con pinta de no entender nada.
- ¿Qué quieres, Alex? ¿Qué pasa?
- Por favor, Josh. Por favor -murmuró de nuevo- No te volveré a pedir nada en la vida, si no me fallas ahora. Te necesito.
- ¿Qué estás diciend-
Alex no le dio tiempo a terminar la frase. Nada más escuchó el sonido de la puerta del baño abrirse, juntó sus labios con los de Josh, casi con violencia.
Alex se mordió el labio para reprimir una carcajada, y se acercó a él.
- Esto... ¿estás bien? -le preguntó, aún tratando de no reírse.
El otro alzó unos preciosos ojos azules para clavarlos en los de Alex, esbozando una pequeña sonrisa avergonzada.
- Puedes reírte si quieres.
- ¿Josh? -el rubio soltó la carcajada que tanto tiempo llevaba conteniendo.
- Franceschi, sí -rió el moreno, dejando una pila de discos sobre una estantería, girándose para mirar al otro mientras se revolvía el pelo.
- Quién si no -sonrió Gaskarth, estrechándole la mano a Josh- ¿Y qué es lo que hace un chico como tú en un sitio como este?
- Pues salir de la perpetua nube de lluviosa que tengo por país -puso los ojos en blanco, con un suspiro.
- Y te vienes a Baltimore -Alex enarcó las cejas, con una media sonrisa.
- Mi novia tiene familia aquí -se encogió de hombros el inglés- Y en un par de semanas damos un concierto en Nueva York, así que...
- Vaya. El soltero de oro ya no es tan soltero ni tan de oro -se burló el rubio, mirando el reloj de un vistazo rápido, recordando que había quedado con Zack a las cinco.
- De oro siempre -Josh le miró con los ojos entrecerrados, dejando escapar una carcajada- ¿Esperas a alguien?
- Uhm. No, he quedado con Zack en cinco minutos para ir al cine. ¿Quieres venirte?
Josh miró su propio reloj, y se dio la vuelta para echar un vistazo a su alrededor, al parecer buscando a alguien.
- Eh... había quedado con mi chica aquí. Pero no sé dónde se habrá metido.
- Ay, pobrecito, le han dado plantón -rió Alex, divertido- Yo tengo que irme, si cambias de idea, el cine está al final del tercer pasillo de la cuarta planta a la derecha. ¡Nos vemos, Josh! -le guiñó un ojo, sin darle tiempo a despedirse, echando a andar en dirección contraria a por donde había venido, mientras su mente ya podía recrear la bronca de Zack por haber desaparecido y, además, haber llegado tres minutos tarde.
Llegó a la entrada del cine prácticamente con la lengua fuera, para chocarse con Zack, que no le había visto llegar.
- ¿Dónde te habías metido, rubia? Pensé que mi cita me había fallado -sonrió el moreno, sin enfado alguno, lo que le chocó bastante a Alex.
- Eh... comprobando que nuestro disco se vende -rió el rubio, que dio un rodeo con la mirada al lugar, para ver si Josh había cambiado de opinión, pero lo que se encontró fue con Zack tapándole la vista repentinamente.
- ¿Se puede saber qué buscas? Anda, tira -le llevó a empujones hasta las taquillas..
- Zack, ¿me quieres dejar? -bufó Alex, sin entender el comportamiento de su amigo, que le soltó con tal de que no hiciese más preguntas.
Suspiró, revolviéndose el pelo mientras el otro chico pagaba las entradas de vete a saber qué película.
No tardaron mucho en entrar en la sala que les había indicado el acomodador, y en sentarse en los sitios que les habían asignado.
El rubio plantó los pies con toda la comodidad del mundo sobre el asiento de delante, echando mano de su coca-cola. Le dio un sorbo. Dos. Tres. Hasta que cuando quiso darse cuenta ya se había bebido más de la mitad.
- Mierda. Ay, Zack, me hago pis -susurró, haciendo reír a su compañero de banda, que jugueteaba entretenido con su móvil, esperando a que empezase la película.
- ¿Quieres que te acompañe al baño y te la sujete o puedes tú solito?
Alex refunfuñó entre risas, y se levantó, poniendo cuidado en no caerse por las escaleras, como no era la primera vez que le pasaba.
Finalmente, tras un rato buscando, dio con el baño, al final de uno de los pasillos.
- Joder, sí que hace tiempo que no vengo al cine, me cambian hasta el baño de sitio -murmuró para sí, con una media sonrisa, abriendo la puerta.
Pero la sonrisa se le borró de golpe de la cara cuando se encontró lo que se encontró detrás de esa puerta.
Jack.
Era Jack. Y no estaba sólo. No, qué va. Estaba bastante ocupado comiéndole la boca a una rubia que ya estaba a medio desvestir.
Las lágrimas acudieron a los ojos de Alex prácticamente al instante. Ardían tanto como el dolor que le producía contemplar aquella escena. De sus labios escapó un sollozo ahogado, mientras sentía algo parecido a un pinchazo en el pecho, y retrocedía sobre sus propios pasos, no sin que antes el chico moreno se diera la vuelta sobresaltado y le contemplase con una expresión indescifrable.
- A-alex -articuló con los labios.
Pero Alex salió del baño dando un portazo, apoyando la espalda en la pared del pasillo que estaba justo en frente. Sentía las lágrimas mojar sus mejillas, mientras el dolor poco a poco se transformaba en rabia.
- Alex, ¿estás bien? -escuchó la voz del inglés de ojos azules que se había encontrado instantes antes, a su lado, sin ni siquiera haberle visto llegar.
Clavó sus ojos en los del otro chico, mirándole pero sin verle.
- Tienes que hacerme un favor -susurró, cogiéndole de pronto del brazo y tirando de él hasta pegarle a la pared, a su lado.
Josh le miró, con pinta de no entender nada.
- ¿Qué quieres, Alex? ¿Qué pasa?
- Por favor, Josh. Por favor -murmuró de nuevo- No te volveré a pedir nada en la vida, si no me fallas ahora. Te necesito.
- ¿Qué estás diciend-
Alex no le dio tiempo a terminar la frase. Nada más escuchó el sonido de la puerta del baño abrirse, juntó sus labios con los de Josh, casi con violencia.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Veintitrés.
Los días pasaban prácticamente arrastrándose uno detrás de otro. Las interminables semanas se sucedían, pareciendo más bien años. Alex nunca había odiado tanto las agujas del reloj. Nunca había odiado tanto ver el sol salir y esconderse una y otra vez. Nunca había odiado tanto su vida.
Desde que salió seguido de un portazo de casa de Jack no había vuelto a verle, ni a hablar con él.
No era capaz de contar ya las veces que había cogido el móvil y había marcado su número, y estando a punto de llamar. Todas las veces que había salido de casa dispuesto a ir a verle y había vuelto a mitad de camino, incapaz de hacerlo.
Se levantó del sofá, con un suspiro, y arrastró los pies hasta la nevera. La abrió y se quedó mirándola, pero sin verla, cuando sonó el timbre de la calle y le sobresaltó, haciendo que su corazón diese un vuelco.
Salió corriendo a abrir, con la mala suerte de tropezarse con la encimera de la cocina y darse en el pie.
- Mierda, joder -murmuró, abriendo la puerta a la pata coja.
Pero su expresión cambió cuando vio a Zack en la entrada, y no a quien él esperaba. O al menos a quien él quería esperar.
- Qué hay, rubia -sonrió Zack, autoinvitándose a pasar.
Alex frunció el ceño y cerró tras de sí la puerta.
- No mucho, Merrick.
- Ya se ve, ya. Que tenga que venir yo a sacarte de casa...
- Uhm. Llueve.
- No es escusa, ya han inventado el paraguas, aunque te resulte fascinante -Zack esbozó una media sonrisa, recibiendo una mirada asesina por parte de Alex.
- No me digas -el rubio hizo una mueca, volviendo a la nevera, seguido por el moreno.
- Oh, vamos, Alex, ¿hace cuánto que no sales de casa? -le pegó en la mano cuando éste intentó sacar un trozo de tarta- Deja de comer y hazme caso, que te vas a poner como una foca.
Alex resopló y se cruzó de brazos, mirándole.
- ¿Qué quieres, Zack?
- Quiero que salgas de esta casa, porque llevas semanas aquí encerrado. Desde que tú y... bueno, eso. En realidad no sé por qué, pero... En fin, que no puedes seguir así, Alex.
El chico bajó la mirada, y metió las manos en los bolsillos del pantalón, encogiéndose de hombros.
- Supongo que ya me he acostumbrado -murmuró.
Zack suspiró, y le revolvió el pelo.
- Métete en la ducha y en 15 minutos te quiero hecho una diva, porque nos vamos al cine.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Alex.
- P-pero..
- No hay peros.
- ¿No puedo elegir peli?
- POR SUPUESTO QUE Sno. No quiero acabar viendo cursiladas de las tuyas de las que necesitas cuatro cajas de pañuelos para sobrevivir a la película.
El rubio frunció el ceño de nuevo, entre divertido y con ganas de pegarle.
- Esto... me voy a la ducha -rió finalmente, escabulléndose por la derecha de Zack, que sonrió satisfecho con su logro.
- ¡Quince minutos, eh! -gritó desde el salón, aunque no escuchó la contestación de Alex.
Se encogió de hombros y se entretuvo desordenando los juegos de la Play de su compañero, los cuales no eran pocos. Sacó de la estantería el tercer volumen del Rock Band, preguntándose qué hacía allí si era suyo, y abrió la caja, de la que se deslizó un papel hasta el suelo.
Zack se agachó para recogerlo, y al darle la vuelta se encontró con una foto de Alex y Jack, abrazados, poniendo caras raras.
Esbozó una media sonrisa, pero enarcó las cejas, extrañado. Se suponía que era Alex el que había dejado a Jack. Si era así, ¿por qué guardaba fotos como esas?
El sonido de la puerta del baño abriéndose le sobresaltó, y guardó la caja del juego on rapidez, poniéndola con las demás.
- ¿Vamos? -apareció Alex por las escaleras, tal y como le había dicho Zack, hecho una diva.
Zack asintió y salieron juntos de casa, entrando en el coche de Merrick, el cual se puso al volante. Arrancó tras poner la calefacción y la radio, a un volumen de ambiente, mientras el silencio se apoderaba del reducido espacio.
- Oye Alex, ¿puedo hacerte una pregunta?
Los ojos castaños del chico se despegaron de la carretera y se posaron en su amigo.
- Claro.
- ¿Por qué... por qué rompiste con Jack?
Alex desvió la mirada al momento, tragando saliva.
- Puedes contármelo. O puedes no hacerlo. No te voy a culpar de nada, es sólo que me resulta extraño tu comportamiento... siendo tú el que supuestamente acabaste con... la relación?
Se hizo otro silencio.
- No quiero hablar de ello, Zack. Es complicado -susurró Alex, mirando por la ventanilla- Pero gracias por preocuparte.
Zack suspiró.
- Está bien.
Los dos chicos siguieron su camino hasta el centro comercial, y tras haber dejado el coche en el aparcamiento, entraron dándose prisa para no mojarse.
Alex miró el reloj, distraído.
- Falta aún media hora para la primera sesión; tengo que ir a comprar algo. Nos vemos allí a las cinco, ¿sí?
Apenas le dio tiempo a Zack a asentir, o a negarse, porque dio la vuelta demasiado rápido, dirigiéndose a ningún sitio en concreto.
En realidad tan solo necesitaba estar solo. Le agradecía a Zack el esfuerzo que estaba haciendo por él, pero no quería recordar.
Vislumbró a lo lejos la zona de CD's y caminó con calma hacia allí. Miró a su alrededor en busca de la sección que quería, y se encontró con su propio disco en el top ventas.
Sonrió para sí, y concentró su tarea en encontrar las novedades de rock, rebuscando entre discos. Cuando un estruendo a sus espaldas le hizo pegar un bote y girarse de golpe debido al susto.
No alcanzó más que a ver un montículo de CD's que habían caído justo encima de la cabeza de un chico.
Desde que salió seguido de un portazo de casa de Jack no había vuelto a verle, ni a hablar con él.
No era capaz de contar ya las veces que había cogido el móvil y había marcado su número, y estando a punto de llamar. Todas las veces que había salido de casa dispuesto a ir a verle y había vuelto a mitad de camino, incapaz de hacerlo.
Se levantó del sofá, con un suspiro, y arrastró los pies hasta la nevera. La abrió y se quedó mirándola, pero sin verla, cuando sonó el timbre de la calle y le sobresaltó, haciendo que su corazón diese un vuelco.
Salió corriendo a abrir, con la mala suerte de tropezarse con la encimera de la cocina y darse en el pie.
- Mierda, joder -murmuró, abriendo la puerta a la pata coja.
Pero su expresión cambió cuando vio a Zack en la entrada, y no a quien él esperaba. O al menos a quien él quería esperar.
- Qué hay, rubia -sonrió Zack, autoinvitándose a pasar.
Alex frunció el ceño y cerró tras de sí la puerta.
- No mucho, Merrick.
- Ya se ve, ya. Que tenga que venir yo a sacarte de casa...
- Uhm. Llueve.
- No es escusa, ya han inventado el paraguas, aunque te resulte fascinante -Zack esbozó una media sonrisa, recibiendo una mirada asesina por parte de Alex.
- No me digas -el rubio hizo una mueca, volviendo a la nevera, seguido por el moreno.
- Oh, vamos, Alex, ¿hace cuánto que no sales de casa? -le pegó en la mano cuando éste intentó sacar un trozo de tarta- Deja de comer y hazme caso, que te vas a poner como una foca.
Alex resopló y se cruzó de brazos, mirándole.
- ¿Qué quieres, Zack?
- Quiero que salgas de esta casa, porque llevas semanas aquí encerrado. Desde que tú y... bueno, eso. En realidad no sé por qué, pero... En fin, que no puedes seguir así, Alex.
El chico bajó la mirada, y metió las manos en los bolsillos del pantalón, encogiéndose de hombros.
- Supongo que ya me he acostumbrado -murmuró.
Zack suspiró, y le revolvió el pelo.
- Métete en la ducha y en 15 minutos te quiero hecho una diva, porque nos vamos al cine.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Alex.
- P-pero..
- No hay peros.
- ¿No puedo elegir peli?
- POR SUPUESTO QUE Sno. No quiero acabar viendo cursiladas de las tuyas de las que necesitas cuatro cajas de pañuelos para sobrevivir a la película.
El rubio frunció el ceño de nuevo, entre divertido y con ganas de pegarle.
- Esto... me voy a la ducha -rió finalmente, escabulléndose por la derecha de Zack, que sonrió satisfecho con su logro.
- ¡Quince minutos, eh! -gritó desde el salón, aunque no escuchó la contestación de Alex.
Se encogió de hombros y se entretuvo desordenando los juegos de la Play de su compañero, los cuales no eran pocos. Sacó de la estantería el tercer volumen del Rock Band, preguntándose qué hacía allí si era suyo, y abrió la caja, de la que se deslizó un papel hasta el suelo.
Zack se agachó para recogerlo, y al darle la vuelta se encontró con una foto de Alex y Jack, abrazados, poniendo caras raras.
Esbozó una media sonrisa, pero enarcó las cejas, extrañado. Se suponía que era Alex el que había dejado a Jack. Si era así, ¿por qué guardaba fotos como esas?
El sonido de la puerta del baño abriéndose le sobresaltó, y guardó la caja del juego on rapidez, poniéndola con las demás.
- ¿Vamos? -apareció Alex por las escaleras, tal y como le había dicho Zack, hecho una diva.
Zack asintió y salieron juntos de casa, entrando en el coche de Merrick, el cual se puso al volante. Arrancó tras poner la calefacción y la radio, a un volumen de ambiente, mientras el silencio se apoderaba del reducido espacio.
- Oye Alex, ¿puedo hacerte una pregunta?
Los ojos castaños del chico se despegaron de la carretera y se posaron en su amigo.
- Claro.
- ¿Por qué... por qué rompiste con Jack?
Alex desvió la mirada al momento, tragando saliva.
- Puedes contármelo. O puedes no hacerlo. No te voy a culpar de nada, es sólo que me resulta extraño tu comportamiento... siendo tú el que supuestamente acabaste con... la relación?
Se hizo otro silencio.
- No quiero hablar de ello, Zack. Es complicado -susurró Alex, mirando por la ventanilla- Pero gracias por preocuparte.
Zack suspiró.
- Está bien.
Los dos chicos siguieron su camino hasta el centro comercial, y tras haber dejado el coche en el aparcamiento, entraron dándose prisa para no mojarse.
Alex miró el reloj, distraído.
- Falta aún media hora para la primera sesión; tengo que ir a comprar algo. Nos vemos allí a las cinco, ¿sí?
Apenas le dio tiempo a Zack a asentir, o a negarse, porque dio la vuelta demasiado rápido, dirigiéndose a ningún sitio en concreto.
En realidad tan solo necesitaba estar solo. Le agradecía a Zack el esfuerzo que estaba haciendo por él, pero no quería recordar.
Vislumbró a lo lejos la zona de CD's y caminó con calma hacia allí. Miró a su alrededor en busca de la sección que quería, y se encontró con su propio disco en el top ventas.
Sonrió para sí, y concentró su tarea en encontrar las novedades de rock, rebuscando entre discos. Cuando un estruendo a sus espaldas le hizo pegar un bote y girarse de golpe debido al susto.
No alcanzó más que a ver un montículo de CD's que habían caído justo encima de la cabeza de un chico.
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