sábado, 12 de enero de 2013

Veintisiete.

- ¿Alex? -a Jack se le atragantó el nombre en la garganta.
Josh asintió, esperando que el guitarrista le dejase pasar, pero tardó unos momentos en reaccionar.
- E-está bien -murmuró al final, apartándose para dejarle entrar.
El inglés se acomodó en el sofá de Jack sin necesidad de que tuvieran que decirle nada, y desde allí le miró, esperando algún movimiento o reacción por su parte.
Pero este tan solo se limitó a sentarse en uno de los sillones, cruzado de brazos, escrutándole con desconfianza.
- ¿Vas a decir algo o...? -preguntó finalmente, impacientado.
Josh suspiró, provocando no alterarse esta vez, por mucho que el chico estuviera tan a la defensiva con él.
- Acabo de hablar con él hace un rato. De hecho yo no debería estar aquí. Me lo prohibió explícitamente, pero... -dejó la frase en el aire, preguntándose a sí mismo por qué se tomaba tantas molestias.
- ¿Pero qué?
Jack se impacientaba. Más.
- A ver, el jodido de explicar y vas a pensar que Alex es gilipollas, pero vas a tener que esforzarte por entender su postura.
- Joder, Joshua, suéltalo de una puta vez.
Josh cogió aire, dispuesto a explicarle toda la historia que la había contado su amigo horas antes.
- Me contó algo de una reunión con el director de vuestra discográfica. Parece ser que una cláusula del contrato prohíbe las relaciones entre los integrantes del grupo -chasqueó la lengua, pensando para sí mismo un "menuda gilipollez"- Entonces el tipo le dijo a Alex que si incumplíais la cláusula os enfrentábais a una denuncia, o una multa o no sé qué mierdas. Básicamente le hizo escoger entre vosotros y el grupo. Y... escogió la otra opción -Josh suspiró, repasando su resumen mentalmente- No te lo contó porque sabía que nunca lo aceptarías. Pero... pero te quiere, Jack.
El inglés se calló, dando por concluída la explicación, y alzó la vista para mirar a Jack, que tenía la mirada perdida en algún punto inconcreto de la alfombra, sin mostrar expresión alguna, en silencio.
- Yo sólo... pensé que sería justo que al menos lo supieras.
El silencio volvió a inundar la habitación de nuevo, y Josh pensó que era un buen momento para marcharse y dejar a Jack aclararse las ideas, por lo que se levantó del sofá sin añadir nada más, dirigiéndose hacia la puerta.
- Josh -le detuvo Jack, volviéndose para mirarle.
- ¿Si?
- Gracias -murmuró, con un nuevo brillo en la mirada.
Josh le respondió con una sonrisa, para después salir, cerrando la puerta con suavidad.

Poco tardó Jack en vestirse con lo primero que encontró por la habitación y en 'arreglarse' mínimamente frente al espejo.
Se montó en el coche y condujo hasta casa de Alex, saltándose la mitad de los semáforos y stops del camino. Hizo un recorrido de media hora en apenas quince minutos, pero una vez conseguido, tan solo tuvo que armarse de valor para tocar el timbre.
El rubio no le hizo esperar mucho, tal vez porque esperaba visita.
- Caray, sí que llegan rápido las pizz...-se quedó callado de golpe al ver a Jack al otro lado de la puerta, en lugar de al repartidor de Telepizza- ¿Jack?
- Sí, Barakat. Quita del medio y déjame pasar -apartó a Alex de un ligero empujón, autoinvitándose a entrar, dejándose caer en el sofá.
- No deberías estar aquí -dijo simplemente Alex.
- ¿Vas a dejar de fingir algún día de estos o...? -Jack hablaba con frialdad, haciendo que el cantante tuviera que controlar sus propias emociones.
- ¿D-de qué me estás hablando?
- Lo sé todo, Alex.
Silencio.
Era todo lo que podía escucharse en el salón del pequeño apartamento.
- ¿C-cómo?
- Josh.
- Será, será hijo de puta -estalló Alex, tras haber estado conteniéndose un buen rato.
- ¿Hijo de puta? ¿Pero se puede saber cuándo pensabas contármelo? ¡¿Nunca!? -el moreno había ido subiendo su tono de voz, hasta prácticamente acabar gritando, levantándose del sofá.
- ¡Se suponía que tú no tenías que saber nada de esto, joder!
El puñetazo que Alex le propinó a la pared resonó por toda la casa, pero no consiguió frenar las palabras de Jack.
- Pero ¿por qué? ¿Se puede saber por quién me tomas? Si me lo hubieras contado desde el principio habríamos tratado de buscar una solución. ¡Pero JUNTOS, Alex! 
- Nunca lo habrías aceptado, Jack. Lo habríamos acabado jodiendo todo. Era mejor así. Aunque duela.
- ¿Aunque duela? -el moreno soltó una carcajada amarga, sujetando a Alex por la camiseta, con el puño apoyado sobre el pecho del rubio- Para ti es fácil decirlo, ¿no?
- Joder, Jack. No lo entiendes. ¿T-tú sabes lo que significa para mí poder salir ahí fuera todos los días y simplemente hacer sonreír a miles de personas? ¿El poder ayudar a que sus vidas sean... mejores, dentro de lo posible? ¿El tener la oportunidad de de impedir que hagan algo de lo que puedan llegar a arrepentirse? Algo como... como lo que hizo mi hermano -Alex terminó hablando casi en un susurro, con los ojos humedecidos- Yo no puedo renunciar a algo así. Tenía que escoger la decisión en la que menos gente saliese perjudicada. L-lo siento.
Rodeó la cintura de Jack con sus brazos, enterrando la cabeza en su pecho, y abrazó al moreno como si fuera un niño pequeño que necesitaba protección. Realmente así se sentía.
Su abrazo no tardó en ser correspondido. El guitarrista le apretó entre sus brazos, acariciándole el pelo con suavidad.
Se quedaron en silencio nuevamente durante un buen rato, hasta que Jack sintió la necesidad de romperlo.
- Yo nunca te habría hecho renunciar a algo así, Alex. Y menos por mí. Tan solo quiero que seas feliz, aunque eso no me incluya en tus planes. Pero todo habría sido más fácil si me lo hubieras dicho -murmuró.
Alex se separó de él levemente.
- ¿Cómo no ibas a estar incluído en mis planes? Dios. Han sido los peores meses de mi vida -el rubio rodeó las muñecas del otro con las manos, haciendo que Jack se sobresaltara al contacto y se apartara inconscientemente.
- ¿Q-qué...? -Alex ignoró la incomodidad del moreno, y agarrando su brazo izquierdo hasta que lo iluminó la luz y quedaron visibles sus numerosas cicatrices- Dios mío, Jack -susurró, apenas inaudiblemente, mientras sentía las lágrimas arder en sus ojos, y resbalar por sus mejillas incontrolablemente ante aquella visión.
Era. Por. Su. Culpa. 
Por su maldita culpa.
Jack apartó el brazo, sorprendiéndose ante la repentina reacción de Alex, y no pudo hacer otra cosa que volver a abrazarle.
- A-alex, cálmate, por favor.
Alex se apartó de él, mirándole a los ojos.
- ¿Que me calme? Jack, si te pasa algo me mato, joder -contuvo un par de sollozos, limpiándose las lágrimas como podía, hablando con voz temblorosa - ¿P-por qué?
- Yo... no podía, no quería seguir... -resopló, bajando la mirada- Lo siento. You've taken so much with you. 
Alex apoyó una mano en el pecho de Jack, sin dejar de mirarle a los ojos.
- Prométeme que no vas a volver a hacerlo. Nunca.
- Solo si me prometes que vamos a arreglar esto juntos. Siempre.
El cantante cerró los ojos un momento, antes de murmurar un 'te lo prometo', haciendo que los labios de Jack le besaran como si no lo hubieran hecho nunca antes. Su mano buscó la de Alex, entrelazando los dedos de ambos antes de separarse levemente de él.
- Te lo prometo -susurró contra su boca.

lunes, 7 de enero de 2013

Veintiséis.

Bonjour amores. Bueno, primero de todo mis disculpas por tirarme vidas enteras para subir, pero soy la cosa más indecisa del mundo y cambio de planes cada dos por tres. Y que bueno, esto ya se está acabando, le quedan un par de capítulos, o tres, idk. Que no me odiéis mucho, y que gracias por leerme, que sois amor puro <3


El teléfono de Alex permaneció apagado las siguientes 48 horas después del incidente del cine. Sencillamente no tenía ganas de tener que dar explicaciones a nadie por su comportamiento.
No fue hasta el domingo por la tarde, mientras esparcía numerosas bolsas de comida basura por la mesilla del salón para ver el partido de los Ravens cuando se le ocurrió que ya iba siendo hora.
Se dejó caer en el sofá, con aire cansado, y sacó el móvil del bolsillo de su pantalón, encendiéndolo sin prisa.
25 llamadas perdidas. 7 mensajes.
Puso los ojos en blanco y soltó un suspiro exasperado, abriendo el registro de llamadas.
Zack. Mamá. Josh. Jack. Jack. Jack. Zack. Rian. Jack. Jack. Jack...
Tiró el móvil contra el sofá, maldiciendo por lo bajo.
Maldita sea, ¿por qué tuve que besarle?
Apenas le dio tiempo a seguir torturándose a sí mismo, pues su móvil  sonó pocos minutos después, haciendo que se sobresaltara.
- Joder -masculló, estirándose para cogerlo sin muchas ganas- ¿Diga? -contestó casi con un suspiro, con la vista clavada en el televisor.
- ¿Alex? -la voz de su amigo inglés sonó al otro lado, al parecer con alivio.
- Ah. Hola, Josh.
- ¿Se puede saber por qué no me cogías el teléfono? Sabe Dios cuántas veces te he llamado.
- Es que... lo había llevado a arreglar -mintió el rubio, mordisqueando una galleta.
Pudo escuchar a Josh resoplando al otro lado de la línea.
- uh, está bien. No importa. Yo solo llamaba para... para pedirte perdón por mi comportamiento el otro día. Fui un capullo. Bueno, más que de costumbre, pero ese no es el caso. Que lo siento.
Alex rió sin muchas ganas.
- Josh Franceschi disculpándose. Creo que puedo morir tranquilo, que ya lo he visto todo -rió de nuevo, pudiendo imaginar la la mirada asesina que le habría dirigido el inglés de haber estado presente.
- Ogh. El día que yo pueda ver a Alex Gaskarth tomarse las cosas en serio, podré decir lo mismo.
- Oh, vamos, Josh, no te piques conmigo. En serio, no tiene importancia lo del otro día. Aquí el capullo soy yo, pero bueno, eso ya es otra historia -suspiró Alex, bajando la mirada.
Hubo un momento de silencio entre los dos chicos, pero finalmente fue Josh quien decidió romperlo.
- He visto cómo le miras, Alex. Bueno, y él a ti. Es solo que... no lo entiendo, ¿cuál es el problema?
El rubio dubitó unos instantes. Realmente necesitaba desahogarse, ver las cosas desde el punto de vista de una tercera persona. Pero, ¿Josh?
Se sorprendió a sí mismo accediendo sin insistencia alguna por parte del inglés.
- Es largo de contar.
- Creo que podré pagar la factura de teléfono.


Un par de horas después, Josh colgó el móvil con un suspiro. Se revolvió el pelo, haciendo una mueca antes el dolor de cabeza que le había producido estar tanto tiempo pegado a ese chisme.
Había hablado largo y tendido con Alex, tratando de darle consejo o al menos consuelo. Se había ofrecido a ayudarle a pagar parte del dinero que les pedía la discográfica, pero el rubio se había negado en redondo. También había recalcado por activa y por pasiva que Jack no tenía que enterarse de nada.
Pero eso Josh no lo veía justo.
Se levantó del sofá de un salto y cogió las llaves del coche, tratando de hacer memoria de dónde narices estaba la casa de Jack, porque hacía años que no pasaba por ahí.


Jack estaba tirado en el suelo del baño, a unos cuántos kilómetros de Josh.
Su espalda reposaba contra la puerta cerrada, mientras trataba de acompasar su respiración con los ojos cerrados.
Pero en lo único que podía pensar cuando cerraba los ojos era en Alex. En Alex, y en sus besos. En Alex, y en su sonrisa. En Alex, y en su voz. En Alex, y en sus 'te quiero'. Y en cómo todo se había convertido en palabras que tan solo causaban dolor y les alejaban cada vez más. 
Había perdido la cuenta de las veces que le había llamado en esos dos últimos días, buscando tan solo una jodida explicación que el rubio se negaba a darle.
Pero qué más da ya.
Abrió los ojos de nuevo, clavándolos en la pequeña pero afilada cuchilla que sujetaban los dedos de su mano derecha. 
En las últimas semanas, tal vez meses, lo único que podía apartar su mente de Alex era el filo de la cuchilla mordiendo su piel. Ya ni siquiera le molestaba el sentimiento de culpa que le invadía después de hacerlo.
Pero esta vez era diferente.
Jack  no quería seguir viviendo así. No sin Alex.
Y no iba a pensárselo más.
Casi a cámara lenta acercó la cuchilla hasta la piel de su muñeca.
- Eso es todo, amigos -murmuró para sí mismo, como tantas veces había hecho antes en tono de burla con sus amigos.
Presionó con suavidad el metal, pero el sonido del timbre de la puerta le sobresaltó, haciéndole soltar de golpe la cuchilla.
Fuera quien fuese, acababa de impedir que cometiera la mayor gilipollez de su vida.
- Joder -resopló.
En un principio pensó en no levantarse a abrir, pero volvieron a llamar repetidas veces, con insistencia, y  no tuvo más remedio.
Salió del baño, cerrando la puerta tras de sí.
- Que ya vaaaaa -chilló mientras bajaba las escaleras, hasta finalmente llegar a la entrada.
Abrió la puerta y se encontró a un incómodo Josh Franceschi, que no dejaba de tocarse el pelo en señal de nerviosismo.
- ¿Qué haces tú aquí? -preguntó, con una ceja enarcada, sin mucho entusiasmo.
- ¿P-podemos hablar?
- ¿Hablar de qué?
El inglés pareció pensárselo un momento, pero no le quedó más remedio que usar la palabra mágica.
- Es por Alex.