Bonjour amores. Bueno, primero de todo mis disculpas por tirarme vidas enteras para subir, pero soy la cosa más indecisa del mundo y cambio de planes cada dos por tres. Y que bueno, esto ya se está acabando, le quedan un par de capítulos, o tres, idk. Que no me odiéis mucho, y que gracias por leerme, que sois amor puro <3
El teléfono de Alex permaneció apagado las siguientes 48 horas después del incidente del cine. Sencillamente no tenía ganas de tener que dar explicaciones a nadie por su comportamiento.
No fue hasta el domingo por la tarde, mientras esparcía numerosas bolsas de comida basura por la mesilla del salón para ver el partido de los Ravens cuando se le ocurrió que ya iba siendo hora.
Se dejó caer en el sofá, con aire cansado, y sacó el móvil del bolsillo de su pantalón, encendiéndolo sin prisa.
25 llamadas perdidas. 7 mensajes.
Puso los ojos en blanco y soltó un suspiro exasperado, abriendo el registro de llamadas.
Zack. Mamá. Josh. Jack. Jack. Jack. Zack. Rian. Jack. Jack. Jack...
Tiró el móvil contra el sofá, maldiciendo por lo bajo.
Maldita sea, ¿por qué tuve que besarle?
Apenas le dio tiempo a seguir torturándose a sí mismo, pues su móvil sonó pocos minutos después, haciendo que se sobresaltara.
- Joder -masculló, estirándose para cogerlo sin muchas ganas- ¿Diga? -contestó casi con un suspiro, con la vista clavada en el televisor.
- ¿Alex? -la voz de su amigo inglés sonó al otro lado, al parecer con alivio.
- Ah. Hola, Josh.
- ¿Se puede saber por qué no me cogías el teléfono? Sabe Dios cuántas veces te he llamado.
- Es que... lo había llevado a arreglar -mintió el rubio, mordisqueando una galleta.
Pudo escuchar a Josh resoplando al otro lado de la línea.
- uh, está bien. No importa. Yo solo llamaba para... para pedirte perdón por mi comportamiento el otro día. Fui un capullo. Bueno, más que de costumbre, pero ese no es el caso. Que lo siento.
Alex rió sin muchas ganas.
- Josh Franceschi disculpándose. Creo que puedo morir tranquilo, que ya lo he visto todo -rió de nuevo, pudiendo imaginar la la mirada asesina que le habría dirigido el inglés de haber estado presente.
- Ogh. El día que yo pueda ver a Alex Gaskarth tomarse las cosas en serio, podré decir lo mismo.
- Oh, vamos, Josh, no te piques conmigo. En serio, no tiene importancia lo del otro día. Aquí el capullo soy yo, pero bueno, eso ya es otra historia -suspiró Alex, bajando la mirada.
Hubo un momento de silencio entre los dos chicos, pero finalmente fue Josh quien decidió romperlo.
- He visto cómo le miras, Alex. Bueno, y él a ti. Es solo que... no lo entiendo, ¿cuál es el problema?
El rubio dubitó unos instantes. Realmente necesitaba desahogarse, ver las cosas desde el punto de vista de una tercera persona. Pero, ¿Josh?
Se sorprendió a sí mismo accediendo sin insistencia alguna por parte del inglés.
- Es largo de contar.
- Creo que podré pagar la factura de teléfono.
Un par de horas después, Josh colgó el móvil con un suspiro. Se revolvió el pelo, haciendo una mueca antes el dolor de cabeza que le había producido estar tanto tiempo pegado a ese chisme.
Había hablado largo y tendido con Alex, tratando de darle consejo o al menos consuelo. Se había ofrecido a ayudarle a pagar parte del dinero que les pedía la discográfica, pero el rubio se había negado en redondo. También había recalcado por activa y por pasiva que Jack no tenía que enterarse de nada.
Pero eso Josh no lo veía justo.
Se levantó del sofá de un salto y cogió las llaves del coche, tratando de hacer memoria de dónde narices estaba la casa de Jack, porque hacía años que no pasaba por ahí.
Jack estaba tirado en el suelo del baño, a unos cuántos kilómetros de Josh.
Su espalda reposaba contra la puerta cerrada, mientras trataba de acompasar su respiración con los ojos cerrados.
Pero en lo único que podía pensar cuando cerraba los ojos era en Alex. En Alex, y en sus besos. En Alex, y en su sonrisa. En Alex, y en su voz. En Alex, y en sus 'te quiero'. Y en cómo todo se había convertido en palabras que tan solo causaban dolor y les alejaban cada vez más.
Había perdido la cuenta de las veces que le había llamado en esos dos últimos días, buscando tan solo una jodida explicación que el rubio se negaba a darle.
Pero qué más da ya.
Abrió los ojos de nuevo, clavándolos en la pequeña pero afilada cuchilla que sujetaban los dedos de su mano derecha.
En las últimas semanas, tal vez meses, lo único que podía apartar su mente de Alex era el filo de la cuchilla mordiendo su piel. Ya ni siquiera le molestaba el sentimiento de culpa que le invadía después de hacerlo.
Pero esta vez era diferente.
Jack no quería seguir viviendo así. No sin Alex.
Y no iba a pensárselo más.
Casi a cámara lenta acercó la cuchilla hasta la piel de su muñeca.
- Eso es todo, amigos -murmuró para sí mismo, como tantas veces había hecho antes en tono de burla con sus amigos.
Presionó con suavidad el metal, pero el sonido del timbre de la puerta le sobresaltó, haciéndole soltar de golpe la cuchilla.
Fuera quien fuese, acababa de impedir que cometiera la mayor gilipollez de su vida.
- Joder -resopló.
En un principio pensó en no levantarse a abrir, pero volvieron a llamar repetidas veces, con insistencia, y no tuvo más remedio.
Salió del baño, cerrando la puerta tras de sí.
- Que ya vaaaaa -chilló mientras bajaba las escaleras, hasta finalmente llegar a la entrada.
Abrió la puerta y se encontró a un incómodo Josh Franceschi, que no dejaba de tocarse el pelo en señal de nerviosismo.
- ¿Qué haces tú aquí? -preguntó, con una ceja enarcada, sin mucho entusiasmo.
- ¿P-podemos hablar?
- ¿Hablar de qué?
El inglés pareció pensárselo un momento, pero no le quedó más remedio que usar la palabra mágica.
- Es por Alex.
No hay comentarios:
Publicar un comentario