Los días pasaban prácticamente arrastrándose uno detrás de otro. Las interminables semanas se sucedían, pareciendo más bien años. Alex nunca había odiado tanto las agujas del reloj. Nunca había odiado tanto ver el sol salir y esconderse una y otra vez. Nunca había odiado tanto su vida.
Desde que salió seguido de un portazo de casa de Jack no había vuelto a verle, ni a hablar con él.
No era capaz de contar ya las veces que había cogido el móvil y había marcado su número, y estando a punto de llamar. Todas las veces que había salido de casa dispuesto a ir a verle y había vuelto a mitad de camino, incapaz de hacerlo.
Se levantó del sofá, con un suspiro, y arrastró los pies hasta la nevera. La abrió y se quedó mirándola, pero sin verla, cuando sonó el timbre de la calle y le sobresaltó, haciendo que su corazón diese un vuelco.
Salió corriendo a abrir, con la mala suerte de tropezarse con la encimera de la cocina y darse en el pie.
- Mierda, joder -murmuró, abriendo la puerta a la pata coja.
Pero su expresión cambió cuando vio a Zack en la entrada, y no a quien él esperaba. O al menos a quien él quería esperar.
- Qué hay, rubia -sonrió Zack, autoinvitándose a pasar.
Alex frunció el ceño y cerró tras de sí la puerta.
- No mucho, Merrick.
- Ya se ve, ya. Que tenga que venir yo a sacarte de casa...
- Uhm. Llueve.
- No es escusa, ya han inventado el paraguas, aunque te resulte fascinante -Zack esbozó una media sonrisa, recibiendo una mirada asesina por parte de Alex.
- No me digas -el rubio hizo una mueca, volviendo a la nevera, seguido por el moreno.
- Oh, vamos, Alex, ¿hace cuánto que no sales de casa? -le pegó en la mano cuando éste intentó sacar un trozo de tarta- Deja de comer y hazme caso, que te vas a poner como una foca.
Alex resopló y se cruzó de brazos, mirándole.
- ¿Qué quieres, Zack?
- Quiero que salgas de esta casa, porque llevas semanas aquí encerrado. Desde que tú y... bueno, eso. En realidad no sé por qué, pero... En fin, que no puedes seguir así, Alex.
El chico bajó la mirada, y metió las manos en los bolsillos del pantalón, encogiéndose de hombros.
- Supongo que ya me he acostumbrado -murmuró.
Zack suspiró, y le revolvió el pelo.
- Métete en la ducha y en 15 minutos te quiero hecho una diva, porque nos vamos al cine.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Alex.
- P-pero..
- No hay peros.
- ¿No puedo elegir peli?
- POR SUPUESTO QUE Sno. No quiero acabar viendo cursiladas de las tuyas de las que necesitas cuatro cajas de pañuelos para sobrevivir a la película.
El rubio frunció el ceño de nuevo, entre divertido y con ganas de pegarle.
- Esto... me voy a la ducha -rió finalmente, escabulléndose por la derecha de Zack, que sonrió satisfecho con su logro.
- ¡Quince minutos, eh! -gritó desde el salón, aunque no escuchó la contestación de Alex.
Se encogió de hombros y se entretuvo desordenando los juegos de la Play de su compañero, los cuales no eran pocos. Sacó de la estantería el tercer volumen del Rock Band, preguntándose qué hacía allí si era suyo, y abrió la caja, de la que se deslizó un papel hasta el suelo.
Zack se agachó para recogerlo, y al darle la vuelta se encontró con una foto de Alex y Jack, abrazados, poniendo caras raras.
Esbozó una media sonrisa, pero enarcó las cejas, extrañado. Se suponía que era Alex el que había dejado a Jack. Si era así, ¿por qué guardaba fotos como esas?
El sonido de la puerta del baño abriéndose le sobresaltó, y guardó la caja del juego on rapidez, poniéndola con las demás.
- ¿Vamos? -apareció Alex por las escaleras, tal y como le había dicho Zack, hecho una diva.
Zack asintió y salieron juntos de casa, entrando en el coche de Merrick, el cual se puso al volante. Arrancó tras poner la calefacción y la radio, a un volumen de ambiente, mientras el silencio se apoderaba del reducido espacio.
- Oye Alex, ¿puedo hacerte una pregunta?
Los ojos castaños del chico se despegaron de la carretera y se posaron en su amigo.
- Claro.
- ¿Por qué... por qué rompiste con Jack?
Alex desvió la mirada al momento, tragando saliva.
- Puedes contármelo. O puedes no hacerlo. No te voy a culpar de nada, es sólo que me resulta extraño tu comportamiento... siendo tú el que supuestamente acabaste con... la relación?
Se hizo otro silencio.
- No quiero hablar de ello, Zack. Es complicado -susurró Alex, mirando por la ventanilla- Pero gracias por preocuparte.
Zack suspiró.
- Está bien.
Los dos chicos siguieron su camino hasta el centro comercial, y tras haber dejado el coche en el aparcamiento, entraron dándose prisa para no mojarse.
Alex miró el reloj, distraído.
- Falta aún media hora para la primera sesión; tengo que ir a comprar algo. Nos vemos allí a las cinco, ¿sí?
Apenas le dio tiempo a Zack a asentir, o a negarse, porque dio la vuelta demasiado rápido, dirigiéndose a ningún sitio en concreto.
En realidad tan solo necesitaba estar solo. Le agradecía a Zack el esfuerzo que estaba haciendo por él, pero no quería recordar.
Vislumbró a lo lejos la zona de CD's y caminó con calma hacia allí. Miró a su alrededor en busca de la sección que quería, y se encontró con su propio disco en el top ventas.
Sonrió para sí, y concentró su tarea en encontrar las novedades de rock, rebuscando entre discos. Cuando un estruendo a sus espaldas le hizo pegar un bote y girarse de golpe debido al susto.
No alcanzó más que a ver un montículo de CD's que habían caído justo encima de la cabeza de un chico.
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