Alex cerró con firmeza la puerta del despacho del señor Parker, y se dirigió hacia el ascensor con las manos en los bolsillos y el rostro carente de expresión.
Presionó el botón de forma autómata, y clavó la mirada en sus pies, tratando de asumir las últimas palabras que acababa de escuchar de los labios de aquel hombre.
No tenían sentido, no. No podían hacerle elegir entre la banda que le daba la vida y la persona sin la cual ésta no tendría sentido. No podía pagar lo que conllevaba el no hacer una elección.
El ascensor se abrió, y él entró, apoyando la cabeza contra una de las paredes.
¿Qué iba a decirle a Jack? ¿Y a los chicos? Estaba completamente bloqueado, porque le había dado donde más dolía.
Se dirigió hasta su coche, pero no puso rumbo a donde había acordado ir a comer con Jack. No podría soportar esa situación, y menos con los padres del chico delante. Por lo que se marchó a casa.
Dejó las llaves sobre la encimera de la cocina nada más entrar, y se desplomó sobre el sofá, enterrando la cara entre sus manos, mientras las lágrimas y los sollozos se hacían con el control.
Unas tres horas más tarde, Alex oyó el sonido de unas llaves abriendo la cerradura y se secó las lágrimas con rapidez.
- ¿Alex? -Jack entró hasta el salón, preocupado, buscando a su novio.
Alex se aclaró la garganta.
- Estoy aquí, Jack -susurró, bajando la mirada en cuanto sus ojos se cruzaron con otro par de ojos marrones.
- ¿Dónde estabas? Te he llamado mil veces y no me coges el teléfono.
- Ah. Eh, yo... debo de haberlo dejado en silencio -murmuró.
Jack enarcó una ceja, y fue entonces cuando reparó en los enrojecidos y ensangrentados nudillos de Alex.
- Alex, ¿qué ha pasado?
No obtuvo respuesta.
- Alex. Alex, mírame.
- No ha pasado nada, Jack. No fui porque me encontraba mal. Lo siento, debí haberte avisado -contestó el rubio, bajando las mangas de su sudadera hasta que cubriesen sus nudillos, que no habían quedado en muy buenas condiciones tras encontrarse repetidas veces con la pared.
Jack frunció el ceño. No se lo creía, y Alex lo sabía; pero no iba a insistir, porque le conocía lo suficiente como para saber lo cabezón que podía llegar a ser.
- Como quieras. Cuando te apetezca, me lo cuentas -se encogió finalmente de hombros, dirigiéndose hacia el baño.
Alex suspiró al sentir el sonido del agua de la ducha cayendo.
¿Cómo iba a decirle aquello? No se veía con la fuerza necesaria. Pero había tenido que tomar una decisión.
Así que esperó a que Jack saliese del baño y entrase tranquilamente en el salón de nuevo. El moreno se le quedó mirando, con una ceja enarcada, esperando a que dijese algo.
- Jack, t-tenemos que hablar.
- Hablemos, Lex -se sentó a su lado, mientras el otro chico tragaba saliva, bajando de nuevo la mirada.
Se hizo un incómodo silencio entre los dos.
- ¿Alex?
- Esto se ha acabado, Jack -susurró Alex.
- ¿Qué?
- Que se ha acabado.
- ¿De qué estás hablando? -preguntó Jack, sin entender nada.
- De... nosotros. S-se ha acabado -murmuró.
Jack le miró con los ojos muy abiertos, sin dar crédito a lo que oía. Sin querer creerlo.
- ¿Qué estás diciendo, Alex? ¿Quieres decirme qué es lo que ha pasado para que ahora me vengas con esto? -su voz temblaba, con miedo de conocer la respuesta.
Con miedo de que Alex finalmente se hubiera cansado de él. De que hubiese encontrado a alguien mejor.
- Oh, Jack -Alex tragó saliva, tratando de deshacer el nudo que tenía en la garganta y de contener las lágrimas a la vez- No es por ti.
- ¿Ahora también me vas a dejar con la típica frase que usa todo el mundo tratando de que la otra persona no sienta mal, aunque inútilmente, de "no es por ti, es por mí"?
Las lágrimas le ardían en los ojos.
Dejarle. Le estaba dejando.
Alex no contestó. Se le quedó mirando, mientras se mordía un tembloroso labio inferior.
- Alex. Por favor.
- Jack, yo..
- Dime al menos por qué. Dime, ¿qué es lo que he hecho mal? -a Jack se le quebró la voz mientras hablaba, y Alex tuvo que volver a apartar la mirada para que este no viera cómo se le humedecían los ojos.
- Tú no has hecho nada. Soy yo -repitió casi sistemáticamente el rubio.
Jack se levantó del sofá, como si de repente el hecho de estar sentado junto a Alex quemase. Y en parte así era.
Esto no puede estar pasando. No. Todo iba bien esta mañana.
- ¿Qué es lo que te han dicho en esa reunión, Alex?
- No ha sido la reunión -susurró.
No iba a contarle a Jack la verdad, porque sabía que simplemente no lo aceptaría. Conociéndole, estaría dispuesto a vender un riñón para pagar lo que debían, o a prostituirse si era necesario.
Pero no. Alex sólo intentaba hacer las cosas lo mejor que podía para todos.
Y All Time Low había salvado la vida a demasiadas personas, había devuelto demasiadas sonrisas como para acabar con ello. No podía hacer eso. No quería.
- Tengo que irme. Lo siento -se levantó, con intención de marcharse, pero Jack se interpuso en su camino.
- Mírame a los ojos y dime que no me quieres, Alex.
- Jack...
- Hazlo y dejaré que te vayas. Me alejaré de ti. No volveré a hablarte si es eso lo que quieres.
Alex cerró los ojos con fuerza, apretando los puños hasta hacer que las heridas de sus nudillos volviesen a sangrar.
Respiró hondo y alzó la mirada, clavándola en los ojos inundados ya de lágrimas del que era su novio.
Tragó saliva y una lágrima se deslizó por su mejilla.
- No te quiero, Jack -murmuró, con la voz rota.
No hay comentarios:
Publicar un comentario